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CORPORACIÓN CULTURAL DE LAS CONDES: LA RIQUEZA DEL TÍBET LLEGA EN ABRIL

Un comité presidido por Abdullah Ommidvar traerá una muestra de diversas expresiones del budismo.

 

EL MERCURIO

Domingo 27 de marzo de 2005

 

HEIDI SCHMIDLIN M.

 

Con la misma pasión con que se entregó a crear cine en Chile -territorio bastante yermo antes de su llegada con Arauco Films en 1964-, Abdullah Ommidvar dedicó "en forma incondicional" 55 años de su vida al bienestar de los tibetanos y a la figura del Dalai Lama. El claro de sus ojos persas se vuelve aún más transparente al asegurar que de los 140 países que ha visitado, ninguno lo enmudeció tanto como el Tíbet:

 

"La manera como se ven a sí mismos y como se proyectan a la humanidad penetra en cada detalle de la vida diaria. Es una cultura profundamente influenciada por su mundo interior. Como individuos, centran todo su potencial de crecimiento en su coherencia con la colectividad. Son libres pese a ser un pueblo reprimido y viven en base a la compasión y a la entrega, aunque sus condiciones son de extrema dificultad y pobreza. Como hoy el planeta es una aldea global, no podemos dejar de mostrar una manera de vivir que no sólo representa el 3% de la población mundial, sino que además seduce a otra gran cantidad de personas con orígenes y creencias muy diversas".

 

Su entusiasmo por revelarnos la riqueza de este pueblo y la fuerza que lo mueve motiva a Abdullah Ommidvar a invertir 15.000 dólares para traer a la Corporación Cultural de Las Condes a monjes budistas y al representante del Dalai Lama de la oficina central en Nueva York, Tswang Phuntso, como también, cuatro exposiciones, dos muestras fotográficas, un concierto tibetano de vanguardia; 10 películas, incluido Martin Scorsese; un taller de medicina tibetana y otro de música como camino de bondad. Y para culminar, la construcción de "un círculo sagrado", el mandala de arena. El ciclo será desde 6 al 10 de abril, entre las 11:00 a las 19:30 horas.

 

"El arte tibetano no es una expresión de formas; responde a un sentido sagrado y busca proyectar en este mundo la realidad de otro más trascendente. Requiere de una autodisciplina que obliga al artista a manejar el dibujo, el color y la expresión con maestría. En general, se trata de un arte de colección muy cotizado en los mercados internacionales de Nueva York, Londres y otros. Con su trabajo, el creador revela el nivel espiritual y el grado de conexión con sus visiones. De su perfeccionamiento depende cómo comprenda y luego ilustre los mundos de grandes sabios como los budas", relata la fotógrafa Mónica Oportot, quien ha viajado al Tíbet durante los últimos veinte años.

 

Por piezas

 

Las dos visitas anteriores del Dalai Lama a Chile dejaron estelas. Entre otras, sus seguidores descubrieron que no estaban ante algo esotérico, sino ante "una tradición filosófica especialmente fina en su forma de explorar la conciencia humana", como describió el neurobiólogo Francisco Varela, quien tuvo varios encuentros con el máximo exponente del budismo, los que consignó en "Un puente para dos miradas", entre otros textos. Lo escrito en ellos será tema recurrente durante la semana del encuentro que se inaugura el martes 5 de abril, a las 19:30 horas, con cuatro exposiciones:

 

"Joyas del Arte Tibetano", 30 piezas patrimoniales de colecciones privadas, entre ellos, adornos corporales, sedas y Thankas, paños pintados con representaciones de divinidades que cuelgan a la entrada de cada casa, usan como vestimentas o convierten en carpas cuando se desplazan a fiestas religiosas; "Tesoros vivientes del Budismo", una exposición de fotografías de gran formato (2x1 metros) del artista mexicano Ángel Alcalá: retratos de maestros budistas en meditación; "Una larga mirada hacia casa" expone con sentido didáctico el desarrollo de la historia del Tíbet; "Travesía al Corazón del Dalai", imágenes de Dharamsala, residencia actual del Dalai Lama, captadas por Pablo Rosenblatt y Chantal Bernsau durante el rodaje de un documental.La columna vertebral de las muestras es la construcción de un mandala de arena (ver tema relacionado).

 

Entre las novedades destaca la película "Kundun", de Martin Scorsese (sábado 9), que se exhibirá luego de haber sido censurada en Chile más de una vez: "Una película de ficción documentada que gira en torno al sentido de la vida y la muerte, de quien puede ser el último Dalai Lama", señala Ommidvar.

 

La entrada a ésta y otras actividades es gratuita. Más detalles sobre ellas pueden obtenerse en el sitio www.tibet.cl.

 

Nawag Khechog

 

Mención aparte merece el concierto (viernes 8, 19:30 horas) del flautista Nawag Khechog (en la foto), uno de los principales músicos contemporáneos del Tíbet, actual dupla del japonés Kitaro. Ha compartido escenarios con Philip Glass, Paul Winter, Laurie Anderson, Paul Simon y Peter Kater, entre otros. Hijo de padres tibetanos nómades que emigraron a la India, Khechog aprendió a tocar la flauta de bambú, antiguo y popular instrumento de los campos tibetanos. A los 20 años buscó la tutela del Dalai Lama y se retiró como ermitaño a una cueva, dedicado a la meditación y la filosofía. Cuatro años más tarde emergió de su exilio autoimpuesto y viajó a Australia, donde se nacionalizó y aprendió a tocar el didgeridoo aborigen, una flauta larga de madera.

 

Su música está en la pista de sonidos de la película "Siete años en Tíbet," dirigida por Jean Jacques Annaud, entre muchos otros filmes y producciones documentales.

 

Mandala, un dibujo iluminado

Domingo 27 de marzo de 2005

 

El círculo sagrado será la columna vertebral de la semana de actividades tibetanas.

 

H.S.M.

 

Carl G. Jung exploró obsesivo hasta la más honda negrura del inconsciente. Sus métodos de indagación fueron tan dispares como los casos que elegía observar. Por ello, a nadie sorprendía mucho cuando anunciaba los más extraños descubrimientos, evidencias que cambiarían para siempre la forma de enfrentar la interioridad humana. Descubrió, por ejemplo, que existían imágenes arquetípicas y que, aplicadas, constituían figuras terapéuticas para el tratamiento de ciertas neurosis y esquizofrenias. Una de las más precisas son los mandalas tibetanos, diagramas del universo usados como foco en las meditaciones. Para los budistas, los mandalas son una suerte de plano arquitectónico, un mapa, que la mente usa para reorientar estados de confusión internos.

 

Lo significativo de su presencia en el arte y la espiritualidad tibetana, amerita que la construcción de un mandala de arena (los hay de diversos tipos) sea la columna vertebral de las actividades en la Corporación Cultural de Las Condes. Pese a que su armado es de la mayor delicadeza y requiere días de trabajo, una vez completado se desarma y se ofrenda. El gesto representa la impermanencia de la materia y la disolución del ego.

 

Su construcción se inicia con una ceremonia para consagrar el sitio donde se instalará. Algunos monjes ejecutan el baile tántrico "Sombrero negro" para eliminar los obstáculos que podrían surgir durante su creación.

 

Las mediciones de las guías (trazos) se hacen sobre la base de la geometría mágica. En la distribución de la arena de colores -todos simbólicos- se usa un "vajra" (aerógrafo manual), que representa el método: amor y compasión. Todo comienza con los sonidos de una campana, la sabiduría. Los pocos lamas que eligen construir mandalas, deben abocarse a la práctica de una disciplina especial, "orientada a alcanzar la perfección en la representación de mundos que no son visibles para nuestros ojos", aseguran los entendidos.

 

Una vez concluido y deshecho el mandala, cuyo propósito es atraer la paz al mundo y disolver las dificultades, se reparte una porción de la arena entre la gente para los mismos fines. La otra mitad se lanza a un río o al mar para beneficiar a todos.

 

El color base de la arena identifica la actividad encomendada. Así, la blanca es la pacificación; la amarilla para el incremento, la roja para el poder y el azul oscuro para las actividades airadas.

 


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